El llamado arte rupestre es una constante de todas las culturas prehistóricas antes de la invención de la escritura. Es una forma de comunicación simbólica mediante signos antropomorfos (humanos), zoomorfos (animales) y conceptuales, que se pintaban o esculpían en las rocas. En nuestra zona, es común encontrar petroglifos con estos signos.

Podemos decir que lo más representativo del arte rupestre en nuestro Valle son los petroglifos, que se pueden encontrar de preferencia en los cajones de los principales cursos de aguas cordilleranas. Especial importancia revisten los del cerro Paidahuén, ubicado en la margen norte del río Aconcagua frente al barrio de Coquimbito en Los Andes; Casablanca en la comuna de Putaendo; los de la quebrada El Arpa en Campos de Ahumada comuna de San Esteban, Vilcuya en el camino internacional; y los de la Cuesta Las Chilcas en la comuna de Llay Llay, entre otros.
La técnica de elaboración utilizada fue la del grabado sobre la piedra. Algunas de las representaciones más comunes son antropomorfas (figuras humanas), rostros con máscaras, figuras con tocados o atavíos y otras de connotación fitomorfa (formas vegetales) o zoomorfa (formas animales).
El arqueólogo Andrés Troncoso, especialista en Arte rupestre, a partir de análisis detallados, ha propuesto una periodización de dos estilos. El Estilo I, perteneciente al Período Intermedio Tardío (1000-1430 DC), se caracterizaría por una amplia representatividad de figuras geométricas, en especial los círculos decorados con puntos, yuxtapuestos o concéntricos, y una menor frecuencia de figuras humanas y ausencia de figuras zoomorfas. El Estilo II, se encontraría ligado a la llegada del Tawantinsuyu (imperio Inca) al Valle de Aconcagua (1430-1540 DC), estilo caracterizado por figuras predominantemente geométricas y antropomorfas, con círculos decorados por líneas rectas en cruz.
Posterior a la llegada de los españoles, se aprecian algunos petroglifos que podrían referenciar esta época de primer contacto. Luego ya no hay expresión de este tipo de arte rupestre.
Estas manifestaciones pictográficas de las culturas prehispánicas las encontramos en gran parte de Valle de Aconcagua, que la convierten en una de las áreas con mayor cantidad de petroglifos en el área central chilena. Permanentemente se siguen encontrando petroglifos, que no han sido estudiados por expertos, ni visitados para ser incorporados al acervo cultural y patrimonial que va formando nuestra identidad. Lamentablemente, cada cierto tiempo aparecen vandalizados, rayados, quebrados o
robados (extrayéndose partes de roca o la roca entera).
Nuestro deber es resguardar y crear conciencia de este patrimonio arqueológico, ya que nos pertenece a todos y todas, siendo nuestra obligación protegerlo para que no sea destruido y que no desaparezca. Así podremos asegurar su conservación y la posibilidad de conocerlo a las futuras generaciones.

