Un lago se define como una masa de agua, dulce o salada, de considerable extensión, que se acumula en una depresión natural del terreno, generalmente de gran profundidad, y que suele presentar entradas y salidas de ríos. En contraste, una laguna corresponde a un cuerpo de agua de menor tamaño y, por lo común, menos profundo y de dinámica más tranquila. En muchos casos, las lagunas se encuentran separadas del mar por barreras naturales, como cordones arenosos o arrecifes, lo que limita su conexión con el océano. No obstante, el término también se emplea de manera más amplia para designar cuerpos de agua pequeños, independientemente de su origen o características específicas.

En el valle de Aconcagua encontramos principalmente lagunas naturales ubicadas en sectores cordilleranos y precordilleranos que no presentan ningún tipo de intervención humana, ni uso de sus aguas con fines productivos.

